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jueves, 27 de enero de 2011

INICIAN LIMPIEZA DEL CEMENTERIO JUDÍO


Luego de mucho tiempo de encontrarse en un estado deplorable, el cementerio judío de la localidad será sometido a una intensa limpieza y refacción, según surge del compromiso del actual intendente Juan Sequeira, tras una visita hecha al lugar con personas de la colectividad que tienen allí enterrados sus familiares.
El cementerio Judío de Colonia Dora, data de la primera década de 1900 y fue durante muchos años la única necrópolis de la colectividad en la provincia, por lo que en su terreno hay enterró de los mas diversos puntos de la provincia.
También se encuentran tumbas consideradas históricas, como la perteneciente a Samuel Berco, primer rabino que llegó a la zona y que muriera en 1933.
En reiteradas oportunidades, se planteo la necesidad de conservar este lugar en mejores condiciones, sin que la gestión municipal anterior atendiera este reclamo, ya que no solo representa un lugar sagrado para quienes tienen allí familiares, sino que es también un símbolo y una referencia histórica importante para esta ciudad que fue el centro de la colectividad judía en la provincia y que aun guarda muchas de las características que le imprimió este grupo humano.
Los integrantes de la comunidad judía de Colonia Dora y de las ciudades vecinas, se mostraron complacidas por esta iniciativa que emprende el municipio de esta ciudad.

domingo, 16 de agosto de 2009

LOS TRES LOPES AGRELLO



Hablar del pasado dorense, resulta sumamente placentero, pero quiero hacer un alto en la charla con mis coterráneos y tratar de explicar una confusión existente en la mayoría, debido a la similitud de nombres propios.
Cabe aquí un aforismo: "Debemos dar al César lo que es del César", y, a la conclusión de esta nota se comprenderá el porqué de mi expresión.
Cuando nombramos a Antonio Lópes Agrello, surge de inmediato una vacilación, y se entremezclan personajes que fueron distintos, que tuvieron diversas actividades y que vivieron días diferentes, aunque cercanos en el tiempo.

EL FUNDADOR DE LA COLONIA
Este señor, de cabeza rasa y nariz regordeta, muy cuidadoso en el vestir, bajo, amable, educado y muy conversador - al decir de Don Evaristo Cisneros - es, en realidad Don Antonio Lopes Agrello (padre), es el pié y cimiento de toda nuestra historia. Portugués, nacido en Algarbe, Vizconde de Rivatua y Cónsul de su país en la Argentina.
Fue el quien, al poco tiempo de librarse al servicio el FCCA (Ferrocarril Central Argentino) en 1888, y, como miembro de la sociedad Lopes Agrello Ltda., remata al Banco Brasileño de Tarapacá, el latifundio denominado "El Bracho", de 37.973 hectáreas, en aquel entonces perteneciente al departamento 28 de Marzo, hoy Avellaneda.
Paulatinamente transformo el bosque y convirtió todo en una colonia pujante donde nada faltaba. Nació con su dinamismo y su impulso un pueblo activo, con sus instituciones, establecimientos, oficinas y sociedades bien organizadas.
Nada dejo al descuido, pues todo lo dio en potencia. Recibió en su solar a colonos judíos y un numeroso aporte de inmigrantes europeos, que con su bagaje de paz y tranquilidad labraron un futuro, donde se enraizó la cultura, costumbre e ideas, convirtiendo a este Nóbel pueblo en un crisol de nacionalidades.
Este hombre tesonero, fue el verdadero fundador de la colonia, y, a quien reitero, le debemos nuestro génesis.
Don Antonio Lópes Agrello (padre) transformó la historia y la geografía de este sector santiagueño.
Si de historia se trata dio origen y vida a un conglomerado humano que aún hoy subsiste y tiene sueños y anhelos de futuro y de grandeza.
En cuanto a geografía, fue aún muchísimo más amplio. En geografía humana realizo una profunda metamorfosis, tanto en lo económico, como en lo social, y, más aún en lo étnico.
En hidrológica efectuó grandes cambios, ya que al trazar canales de riego dio origen a cambios climatológicos y sus consecuencias. Y en geografía biológica tampoco estuvo ausente, ya que al hacer aportes de animales de pura sangre (caballos, bovinos, ovinos, porcinos, colmenares, etc.) y, al introducir amplia variedad de plantíos, modifico su zoo y su fitigeografia.
No se trata aquí solamente de decir Antonio Lopes Agrello, sino que es imperioso y justiciero comentar y alabar la titánica obra de un hombre que lamentablemente pasó por la vida santiagueña y, mas aun dorense sin haber recibido la satisfacción de congratulaciones por la obra realizada.

UN CABALLERO EN EL MONTE
El otro es, Antonio Lopes Agrello (hijo), quien en realidad debió ser Antonio, Lopes Lastra, por ser hijo de Don Antonio y de Doña Maria Cristina Lastra-dama porteña-.
A el es a quien la mayor parte de la población conoció, porque vivió en la colonia en su chalet estilo nórdico, aún existente, y que compartió los años florecientes, como también los azarosos de Colonia Dora.
Culto, educadísimo, de vastos conocimientos, estudiante de ingeniería en Inglaterra. Soltero, buen mozo, elegante y descendiente de una familia de abolengo, brillaba en la colonia con su propio fulgor en la opacidad del monte.
Su cultura le impedía hacer distingos sociales, y su posición le otorgaba sensatez. Fue en cierto modo el organizador del pueblo y el conductor de la sociedad Antonio Lopes Agrello Ltda., hasta aproximadamente el año 1945, época en que el Banco Hipotecario Nacional se hace cargo de sus propiedades.

EL TERCER ANTONIO LOPES AGRELLO - Medico y Sanitarista
Y, el tercer personaje en cuestión, de similar nombre, es el doctor Antonio Lopes Agrello - sobrino del fundador - médico partero, a cuyo cargo estaba la ardua tarea sanitaria.
Luchador infatigable en épocas difíciles, con escasos recursos, con enormes dificultades en materia higiene y con profundos problemas nacidos en el curanderismo.
Vivió y compartió situaciones tensas con el fundador en los albores de la colonia, y, a su denuedo muchos habitantes le deben la vida.
Como se apreciará, fueron tres los Antonio Lopes Agrello - el padre, el hijo, y el sobrino medico - cada uno aportó sus esfuerzos, su actividad y su energía en aras de una sociedad y un pueblo naciente.
Es indudable que los tres son meritorios por sus entregas, pero la figura, el temple y la personalidad de Don Antonio (padre) descolla ampliamente. Fue el visionario dorense. Demos pues, "Al Cesar lo que es del Cesar. .. ".
Al concluir permítame mi homenaje y tributo para Don Antonio (padre).
Mis expresiones de recuerdo y memoria para Don Antonio (hijo)
Mis sinceras manifestaciones de reconocimiento para Don Antonio (el sobrino doctor).
Ojala pueda recopilar algún día expresiones idénticas de muchos dorenses.


Por: Lía Sánchez de Oliva
Docente jubilada, historiadora aficionada, organizadora y presidente durante varios años de la biblioteca Popular Bartolomé Mitre y participe de toda actividad cultural de la ciudad.

COLEGIO SECUNDARIO JOSE DE SAN MARTIN


El 22 de Marzo de 1.982, se inaugura en nuestra ciudad el primer colegio de educación media: el “Colegio Secundario Colonia Dora” abre sus puertas, para cubrir una necesidad que desde hace tiempo venían reclamando padres de alumnos que debían concurrir a otras ciudades vecinas para poder continuar sus estudios una vez finalizada la escuela primaria.
Algunos adolescentes, incluso, debieron seguir estudiando en ciudades distantes de Colonia Dora, con un profundo desarraigo y con la imposibilidad económica de muchos padres de poder hacer que sus hijos sigan la educación secundaria,
El acto de inauguración del colegio contó con la presencia del señor Secretario de Estado, de Educación y Cultura, Arquitecto Néstor Cáceres, Autoridades Educacionales de Nivel Provincial, Colegio Secundario de Añatuya, Herrera, Pinto, Ceres, Seccional N° 8 y Colegios primarios del Departamento Avellaneda.
La bendición estuvo a cargo del Padre Beniamino Ricciardi e hizo uso de la palabra la designada Rectora Normalizadora señorita Carmen Sosa, bajo cuya dirección se lo designa con el nombre de José de San Martín.
Entre los primeros profesores se pueden nombrar a Maria Esther Romero, “Negro” Medina, Orlando Fernández, Nancy Chein, Alicia Lami, Alicia Strañak, Rodolfo Insaurralde, Lía Sánchez, Maria Nazar, Miguel Perez, Beniamino Ricciardi, Juan Emilio Lladhon, Carmen Mansilla, siendo su primer ordenanza el señor “Nongo” Leguizamon, quien hasta hace poco tiempo desarrolló dicha actividad.
En el primer año, el colegio funcionó solo con un primer año y un segundo año, con un total de aproximadamente 50 alumnos, agregando paulatinamente los años siguientes hasta completar el 5º año en Marzo de 1985.
A finales de ese año, se produce el primer egreso de alumnos del colegio, normalizando desde ese momento las actividades como un colegio con todos los años constituidos y pasando a ser centro de los colegios de la zona centro sur de la provincia, recibiendo alumnos de Icaño y Real Sayana, localidades que aun no contaban con colegios de estas características.
El lugar inicial de funcionamiento fue junto a la escuela 84 en el viejo edificio de la calle Mitre, donde funcionaba en el año 1982 en el ala sur las dos aulas y la rectoría. Posteriormente, al crear mas años y aumentar su población estudiantil, se extendió hacia la zona centro del edificio , llegando a tener una importante cantidad de alumnos que obligó a ocupar prácticamente todo el colegio en horario de la siesta, ya que por la mañana funcionaba la escuela primaria.
Al pasar la escuela 84 a su nuevo edificio, el colegio pasó a funcionar en el nuevo edificio solo por un tiempo, para posteriormente pasar al edificio de la escuela Combate de San Lorenzo 731, donde actualmente desarrolla sus actividades.
El reclamo de un edificio propio para el Colegio Secundario José de San Martín sigue siendo uno de los reclamos latentes en toda la comunidad que aun no ha tenido una respuesta favorable de las autoridades a pesar de las muchas promesas realizadas en este sentido.

LOS JUDIOS DE DORA - SU CEMENTERIO

Hacia fines del siglo XIX, las colonias de inmigrantes comenzaron a poblar intensamente nuestros desérticos territorios, trayendo consigo sus culturas así como el esfuerzo personal y material que posibilitó el engrandecimiento de este país.
En ese marco, la inmigración de colonos judíos ha tenido un rol trascendental, fundamentalmente a través de la Jewish Colonization Association (J.C.A.), organización filantrópica dedicada a facilitar la emigración masiva de los judíos de Europa oriental, en especial de los perseguidos por el régimen zarista ruso.
Fundada en el año 1891 por iniciativa del Barón Maurice de Hirsch, la J.C.A. llevó a cabo su ambiciosa misión mediante el establecimiento de colonias agrícolas en distintas partes del mundo, proveyendo a esos fines los terrenos, la infraestructura y toda la asistencia necesaria para garantizar el sustento de los inmigrantes.
Por las excelentes condiciones que estas tierras ofrecían a los colonos que huían del oprobio, Argentina fue uno de los destinos elegidos por Hirsch para implementar su monumental empresa. Es así que, en 1892, un decreto del Poder Ejecutivo Nacional concede a la J.C.A. su personería jurídica, reconociéndose en febrero de 1900 su carácter de Asociación Civil.
A pesar de no haberse cumplido las previsiones originales del Barón, que proyectaba instalar aquí centenares de miles de judíos, lo cierto es que su organización consiguió fundar numerosos asentamientos agrícolas en distintas regiones del país.
En Santiago del Estero, el lugar escogido por la J.C.A. fue Colonia Dora, localidad ubicada al sureste de la provincia, en el Departamento Avellaneda, a 150 km. de la capital provincial. Como tantos pueblos surgidos ante el avance de las vías férreas, la fecha de su fundación coincide con la inauguración, en el año 1900, de la estación ferroviaria que lleva su mismo nombre.
En ese entonces el propietario de las tierras era Don Antonio López Agrello, quien arrendaba y vendía terrenos a inmigrantes de diversos orígenes. En el año 1910, la J.C.A. compra a López Agrello las tierras para instalar 80 familias judías provenientes de Rusia, Polonia y, en menor medida, de Alemania, las que rápidamente se integraron entre los criollos e inmigrantes que ya residían en la zona. Entre los recién llegados había un rabino, un maestro de idish, un herrero, un carpintero, un panadero, un sastre y varios artesanos.
A pesar del significativo desarrollo alcanzado por el pueblo en esos primeros años, la crisis económica desatada en 1930, el problema de la langosta que arrasaba impiadosamente las plantaciones, y los ciclos de sequías y crecidas del Río Salado, empobrecieron de tal manera a los agricultores que el éxodo se tornó inevitable. En consecuencia, muchos de los judíos dorenses partieron hacia la ciudad de Santiago del Estero y otros migraron hacia provincias vecinas, quedando sólo veinte de las ochenta familias originales a menos de tres décadas de su arribo a la Colonia.
Hoy en día son muy pocas las evidencias de ese pasado dorense. En el emplazamiento de la primera sinagoga, inaugurada hacia el año 1911 en un solar de 1.500 metros cuadrados, funciona actualmente el club Sportivo Dora, mientras que el segundo Templo, ubicado en el centro la ciudad, es hoy una plazoleta casi abandonada, donde se conserva la fachada de la vieja edificación.
EL CEMENTERIO
El testimonio más importante de la colonización judía de la zona es el Cementerio Israelita, el primero de la provincia, inaugurado en el año 1910. Si bien no existe certeza acerca de cual fue el primer entierro, una de las tumbas más antiguas corresponde a Samuel Berco, el único rabino que tuvo Colonia Dora, fallecido a los 70 años el 2 de mayo de 1933. Desde su llegada en 1910 hasta su muerte, fue el encargado de los oficios religiosos, los casamientos, las circuncisiones e incluso de las inscripciones en hebreo que aún pueden leerse en algunas lápidas de mármol. La última sepultura realizada en esta necrópolis fue la de Moisés Saslaver, que falleció el 10 de enero de 1990.
Cabe destacar que, durante varias décadas, el de Colonia Dora fue el único cementerio judío existente en la provincia de Santiago del Estero, obligando a la colectividad asentada en la capital santiagueña y en otras zonas del territorio provincial, a trasladar hasta allí los restos de sus seres queridos.
En el presente, el estado ruinoso de esta histórica necrópolis, reflejo y testimonio de una de las corrientes inmigratorias que forjaron la grandeza de nuestra Nación, torna imperioso adoptar urgentes medidas de recuperación y conservación.